martes, 30 de mayo de 2017

Todo empieza precisamente así, identificando una "sed"



Porque estamos universalmente sedientos, sedientos de reconocimiento por lo que tenemos y por lo que hacemos, y subrayo: se-dien-tos. 

Es una forma de anhelo innata en nosotros, profunda  y “trasversal” porque subyace e impregna las motivaciones humanas en todos los estratos y en todas las circunstancias

Es (se diga lo que se diga), el cimiento que está presente en la base no visible de muchos síes y de muchos noes, de muchas acciones y de muchos rechazos. ¡Una motivación poderosa!



 ¿Qué tal la imagen de haber encontrado, por fin, una fuente fresca cuando sentías sed y sed y sed?


Es decir, que el poder identificar (apoyándome en una sistemática de cuatro pasos) y reconocer algo elogiable de otro, y el desarrollar un “orgullo  ajeno” por esos méritos que son suyos y no míos, está satisfaciendo un deseo innato y profundo… ¡de los demás!


Y quienes satisfagan esa clase de "sed" de los otros, poniendo en juego el esfuerzo y las habilidades nada sencillas, los pasos concretos o el sistema que a cada cual le resulte eficaz para poder lograrlo engrasarán sus relaciones y encontrarán... 

Satisfacción y, además, resultados en el arte de "navegar" por éste mundo. Nada menos que eso.
  

miércoles, 3 de mayo de 2017

Lo que no es




Ya advierto que éste no es un método bien-pensante


Su fundamento último será negado y rechazado, de hecho su precursor ya fue denostado muchísimas veces; claro, él se cimentaba en reconocer algo que siempre nos han “predicado” como humanamente malo e inadecuado para la sociedad, una de esas verdades de a puño que, paradójicamente, se suelen negar en público (nada nuevo bajo el sol por otra parte).



Ni preámbulos ni teorizaciones, sin bla-bla-blás, empezaré con un ejemplo concreto de hoy mismo en el preciso día en el que lo describo; ha sido en el marco de un intercambio de comentarios en el “Face”. Ahí va, parafraseado:



- Dije:
“Siento orgullo (ajeno), un orgullo muy concreto y que me hace sentir bien, por quienes han vencido miedillos y se han dado la oportunidad de comprobar…”


- A lo que recibí como un comentario:
 Yo mis puntos fuertes, algunos los conozco, otros seguramente no, sí que me gustaría conocerlos…”


- Contesté: 
Vale, empiezo con lo más evidente, donde otras personas (muchas, muchas personas) se dejan atrapar en una letanía de inconvenientes: ¿y si me engañan?, ¿y si...?, tú te desplazas 25 km desde tu casa para…, de algo que suena raro, por si te pudiera beneficiar a ti. Así que una enhorabuena objetiva, concreta, precisa.”


- Y me respondió:
 Si valiente para hacer lo que crea que puede ser bueno o ayudarme si que soy, aprendí a serlo no me quedo otra, desde la infancia he tenido que ser valiente…”


Y ahí me paro porque en esa respuesta,  y precisamente en ella, estaba la clave


Ella (era ella en ese caso), se sintió identificada y reconocida en un hecho que yo refería, en concreto, su valentía y un esfuerzo personal de desplazarse, es decir, una alabanza basada en la verdad, solo en la verdad y nada más que en la verdad; y, además concreta, nada genérica, referida a un hecho objetivo, sucedido y que ella sabe que yo conocía porque lo presencié. 
Enfatizando: verdad, verdad ¡de la buena!, una verdad reconociendo y elogiando


Ese es un ejemplo de aplicación del sistema “Orgullo Ajeno


Una experiencia personal




¿Pero cómo se pudo originar todo esto?


Pues bien, con 14 añitos yo no estaba en lo que se llama una postura  envidiable; digamos (por contarlo suavemente), que mi familia era ligeramente anómala, tanto que en esa edad crítica para el desarrollo humano de un chaval, vivía:


¡En la misma habitación que mi madre! / ¡En una residencia para señoras mayores! / ¡Llevada por monjas! / ¡Que tenían allí su convento!.


No, no me estaba criando como lo que se dice un brazo de mar; eso sí, era buenecico en mis comportamientos y razonablemente exitoso en los estudios. ¿Puede extrañar?.


Pero mi madre me quería, y sin decirme nada me dejó un día al alcance de la mano con toda su intención un libro para mi, no era mi cumpleaños ni nada; y ese libro de Dale Carnegie, aunque un poco antiguo para nosotros (y poco adaptado en sus expresiones a la sociedad de hoy), ha sido determinante en mi vida; de hecho, más tarde profundicé por mi voluntad en los procedimientos que propugnaba (hasta me pagué entrenamientos basados en sus postulados a la vez que estudiaba en la Politécnica de Madrid), y sobre todo a lo largo de muchos años lo he aplicado y practicado. 




Así que ahora puedo contar la esencia de su chicha “traducida” y adaptada al lenguaje de este Siglo XXI, y conste que a punto de jubilarme de ejercer la ingeniería (Ing. Agrónomo) tengo una práctica consolidada en sintetizar y concretar la chicha de cosas.


Ahí va: el gran motivador subyacente de la conducta humana, habitualmente negado y ocultado en nuestra sociedad (en la que casi todo el mundo se escandaliza en público si se osa hacer referencia a él), es:


El anhelo, subrayo anhelo, normalmente semioculto en el inconsciente, de ser reconocido como más importante que ese otro (o que esos otros), ¡al menos en algo!


¿Entiendes que eso podría ser verdad?, porque, si es así, entonces verás que podría ser verdad también para esa persona que tienes enfrente en el momento, sí, para esa misma con la que estabas riñendo, o compitiendo, o a la que le quieres vender, o de la que tratas de conseguir que haga algo o que deje de hacer lo que sea



Pues bien, hay que añadir a ese fundamento humano la palabra clave:

¡Verdadero!


Y queda así:


El anhelo (normalmente semioculto en el inconsciente), de ser reconocido como más importante que los otros al menos en algo, ¡y en algo que sea verdadero!


Que, claro, como tal frase podría dar juego para conversaciones del tipo tertulia, pero que si se queda solamente en eso, en otra frase más para nuestro repertorio, ¡no nos servirá para nada!.

Así que se trata de hacer con ella algo real y que resulte práctico; se requiere poner pasos, concretar, fijar un orden, seguirlo consistentemente… 

Medios: un cuaderno de trabajo que resulte agradable


Serán cuatro pasos para una herramienta ¡que funcione!


Concretando la primera herramienta



Vuelvo al principio, cuando esa persona se sintió identificada y bien definida por mi ejercicio de sentir orgullo por una cualidad suya, claro que para llegar a eso he tenido que esforzarme.


Yo-yo-yo-yo…, cuando estoy en el yo-yo-yo-yo mi capacidad en ese momento concreto para detectar las cosas buenas de otro resulta, digamos, mínima; así que, para poder hacerlo con resultados, necesito poner voluntad y método. Por eso mismo el sistema se basará en escribir, y por eso tengo una especie de cuaderno muy bonito, especialmente bonito en realidad (algo caro y lujoso), en el que escribo, concretando mucho, lo que he detectado que alguien haya hecho especialmente bien. 



Ojo, esto es importante, clave: tiene que ser de una forma muy concreta, muy objetiva, con sus detalles, su fecha, su “ambiente”, con esas cosas que me harán recordarlo


Fecha..., .... acaba de contarme que ha preparado una horchata de chufa con la ...., buenísima, para ...., porque sabe que le encanta y ha buscado además una razón muy sensata para llevársela. Es un esfuerzo real porque en el tema de las comidas habían tenido rifirafes de gustos diferentes y, además, ... utiliza sabiamente uno de sus puntos fuertes porque tiene el aparato perfecto que casi nadie tiene para hacerlo. ¡Bingo por ...!


Y desde ahí (que es el centro nuclear de todo el sistema), me resultará ya muy fácil sentir orgullo por el hecho de haberlo detectado yo mismo.


Y aun es más, porque se va desarrollando poco a poco un cambio para el que los seres humanos estamos dotados de forma innata: un orgullo que ya no es por mi, por mis méritos, por mis logros o por mis aciertos, sino un orgullo por lo ajeno, orgullo por el otro, forma de orgullo que, con el tiempo, se va haciendo cada vez más fuerte y más real


Entender que pueda llegar a ocurrir eso es un tesoro, y no, no todo el mundo lo entenderá ni muchísimo menos.


¿Tú tal vez sí?


Porque, si lo haces, aquí tienes una herramienta lo primero para sentirse bien tú mismo, y, a la vez (y como una especie de “beneficio colateral”) también para que el otro perciba que tú sí que reconoces su valor y su importancia, pero una importancia de verdad, ¡sin peloteos!. Entonces te puedo asegurar que eso “engrasa” las relaciones una barbaridad.

Claro que sin esperar milagritos, porque a veces hay dificultades de fondo, a veces grandes intereses económicos, o, a veces, aspectos emocionales profundos que se imponen; y tampoco se trata de conseguir "curalotodos", sino de herramientas útiles que funcionen normalmente


Rompiendo con la zona de confort



Se dice que para conseguir éxitos hay que salir de la zona de confort; pues bien, fíjense que ese esforzarse en detectar, y concretar, precisar, y reconocer méritos ajenos, y ese dejar traslucir que me siento orgulloso por sus méritos, nos obliga a hacer algo que va contra-corriente de lo que haríamos instintivamente (tan solo por mera inercia).


Y, precisamente por eso, es por lo que resulta tan sumamente escaso de encontrar.


Y por ello, algo que el otro anhela como con una especie de "sed" emocional, y que casi no encuentra, y que yo sí que le estoy proporcionando (que tú le estás proporcionando, imagínate haciéndolo ya), con un método que exige verdadero esfuerzo, sin recurrir a contarle mentiras sino detectando lo verdaderamente valorable de él o en él, se vuelve escaso y valioso, muy-muy valioso    

Pero...





Redirigir el agua hacia un lugar diferente al que iría por si misma no es fácil, no sale de forma espontánea así como por casualidad o porque sí, hace falta aunar esfuerzo e inteligencia, ¿estamos de acuerdo?

¡Ah la dichosa palabra!...esfuerzo







"Voy tras lo difícil, porque tras lo fácil siempre hay fila"




¡Rompiendo con la zona de confort!, con voluntad, con esfuerzo, con consistencia; y, ahí va la otra clave necesaria: ¡aplicando un sistema!.



En realidad “Orgullo Ajeno”, identifica un sistema en cuatro pasos:

             1. Cuaderno
2...
3...
 4. Y el más importante, un Registro de Éxitos 

 Tomado del Registro: sonrío: orgullo, satisfacción propia por haber tenido la habilidad (la capacidad) de detectarlo y de "ponerlo en valor"
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Juan Ramón Navarro Brun


  
Lo suelo poner al alcance con Pen-Drives, de ese modo resulta sencillo y operativo. 

O, si lo prefieres así, a través de un e-mail... sistema@orgulloajeno.es, o de la página Web picando aquí:  Página Web